Ariston
Error 108 en caldera Ariston: causas, presión baja y solución
La presión baja suele estar detrás del aviso 108 en calderas Ariston y conviene revisarla cuanto antes.

El aviso 108 en una caldera Ariston casi siempre señala una misma avería de fondo: presión insuficiente en el circuito de calefacción. Es un código pensado para cortar el funcionamiento antes de que la máquina trabaje en seco, proteja componentes sensibles y termine dejando sin servicio tanto la calefacción como el agua caliente sanitaria.
En la práctica, la escena suele repetirse con una precisión casi mecánica: el manómetro cae por debajo de 1 bar, la pantalla muestra el error y la caldera se bloquea. En la mayoría de modelos domésticos, la zona de trabajo normal se mueve aproximadamente entre 1 y 1,5 bar en frío, aunque puede variar ligeramente según la instalación y la altura de la vivienda. Cuando ese nivel baja, el equipo interpreta que falta agua o que existe una pérdida en el circuito.
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Qué indica realmente el aviso 108 en una Ariston
El código 108 no describe una avería eléctrica compleja ni un fallo de combustión. Su mensaje es mucho más directo: la presión del agua está por debajo del umbral que necesita la instalación para circular con normalidad. En una caldera mixta o solo calefacción, el agua del circuito actúa como vehículo térmico; si falta caudal, el intercambio de calor se vuelve inestable y el equipo se protege.
Ese bloqueo no debe interpretarse como una mala señal aislada, sino como un síntoma. A veces basta con una recarga de agua; otras veces la bajada de presión delata un problema recurrente, como una fuga pequeña, un vaso de expansión descargado o una llave de llenado que ya no cierra bien. Por eso el mismo aviso puede resolverse en minutos o convertirse en una revisión más profunda.
También conviene distinguir entre una lectura puntual y una caída repetida. Si la aguja del manómetro baja de vez en cuando tras purgar radiadores o con cambios de temperatura, la causa puede ser normal. Pero si el circuito pierde presión cada pocos días, el sistema está pidiendo una inspección técnica porque algo está dejando escapar agua o aire.
Cómo leer el manómetro antes de tocar nada
La primera pista no está en un manual ni en el panel digital, sino en el manómetro, la pequeña escala que mide la presión del circuito. En frío, muchas calderas domésticas funcionan con una lectura cercana a 1,2 bar. Por debajo de 1 bar, el sistema entra en zona delicada; cerca de 0,5 bar, ya es frecuente que aparezca el bloqueo. Ese margen no es caprichoso: sin presión suficiente, la bomba mueve agua con dificultad y el intercambiador trabaja fuera de rango.
Mirar ese indicador antes de actuar evita errores innecesarios. Hay hogares en los que el usuario intenta resetear la caldera varias veces, como si el aviso fuera un simple capricho electrónico, cuando en realidad el problema está a la vista. El display avisa, pero el manómetro confirma. Si ambos coinciden, no hace falta seguir probando encendidos; hace falta recuperar la presión correcta.
En instalaciones de varias plantas o con recorridos largos, la lectura puede comportarse de forma algo distinta cuando el sistema está caliente. El agua se expande y la presión sube unos décimos, así que la comprobación útil suele hacerse en frío, con la calefacción apagada y la instalación estabilizada. Esa medición es la fotografía más fiable del estado real del circuito.
La causa más habitual: falta de agua en el circuito
La situación más frecuente detrás del aviso 108 es tan simple como falta de agua en el circuito cerrado. Puede haber ocurrido tras una purga de radiadores, después de una intervención de mantenimiento o por una microfuga lenta que apenas deja huella visible. En ese escenario, la caldera no puede sostener el caudal mínimo y se protege con el bloqueo.
La solución básica consiste en reponer agua mediante la llave de llenado hasta devolver la presión a la franja correcta. Ese gesto, aunque sencillo, exige calma. Abrir demasiado rápido la válvula o sobrepasar el rango recomendado puede elevar la presión por encima de lo prudente y activar la válvula de seguridad. El sistema doméstico de calefacción es sensible, casi como un globo de vidrio: necesita agua, pero no exceso.
En muchas Ariston, el punto de referencia razonable se sitúa entre 1 y 1,5 bar en frío. Una vez alcanzado ese valor, conviene cerrar la llave de llenado de inmediato. Dejarla abierta puede crear una entrada continua de agua y llevar la presión a un nivel innecesario, con el consiguiente goteo por seguridad o incluso daños en otros elementos del circuito.
Cómo rellenar la presión sin forzar el equipo
La llave de llenado suele localizarse en la parte inferior de la caldera, aunque la posición exacta depende del modelo. Algunos equipos la muestran con claridad; otros obligan a mirar con una linterna y cierta paciencia. Una vez localizada, se abre poco a poco hasta que la aguja del manómetro empiece a subir. El movimiento debe ser gradual, no brusco, para no provocar picos de presión.
Mientras entra agua, la lectura debe vigilarse sin perderla de vista. Lo ideal es detener la carga cuando el indicador se coloca en la zona segura, no cuando ya ha pasado bastante más allá. En equipos compactos, el aumento se percibe rápido; en instalaciones amplias, puede tardar un poco más en estabilizarse. Ese retraso no es un fallo, sino la respuesta natural del circuito completo.
Tras el llenado, la caldera suele recuperar el funcionamiento sin necesidad de más maniobras. Si el error desaparece y la calefacción arranca con normalidad, la avería se ha resuelto en su nivel más básico. Aun así, merece la pena observar el comportamiento en las horas siguientes. Una reparación correcta no solo borra el código; también mantiene la presión estable con el paso del tiempo.
Cuando la caldera no admite agua o no sube la presión
Hay ocasiones en las que la válvula de llenado se abre, pero el manómetro apenas se mueve. Esa situación suele apuntar a un problema distinto del simple vaciado del circuito. Puede haber aire en la instalación, una llave parcialmente obstruida o un componente que ya no está cumpliendo su función. En ese caso, insistir sin criterio no arregla nada.
También puede ocurrir que la llave de llenado esté averiada. Las piezas mecánicas de uso repetido se desgastan, pierden estanqueidad o dejan de abrir el paso con normalidad. Cuando eso sucede, la presión no sube aunque el usuario siga el procedimiento correcto. La clave está en no confundir un fallo de componente con una falta de habilidad en el llenado; son problemas distintos y requieren soluciones distintas.
Si el agua entra con dificultad o de manera intermitente, merece atención el estado de la instalación completa. Una válvula de llenado dura años, pero no es eterna. Un simple recambio puede devolver el equilibrio al circuito y evitar que el error vuelva a aparecer como una alarma de fondo que interrumpe el invierno una y otra vez.
Las fugas pequeñas que bajan la presión sin dejar rastro evidente
Una caída de presión repetida suele esconder una fuga de agua, aunque a menudo sea tan discreta que el usuario no la vea a simple vista. Puede estar en una junta, en un radiador, en una conexión del circuito, en el intercambiador o en el vaso de expansión. A veces basta una humedad mínima para que el sistema pierda lo justo como para disparar el aviso.
La trampa de estas fugas es su discreción. No siempre forman charcos. En ocasiones se evaporan al tocar superficies calientes o se esconden detrás de paneles, zócalos o tuberías que no están a la vista. El usuario nota el síntoma antes que la causa: cada cierto tiempo debe rellenar, la presión vuelve a bajar y el error 108 reaparece como una sombra persistente.
Cuando la pérdida es continua, rellenar una y otra vez no es una solución real. Es como achicar agua de una barca sin tapar el agujero. El verdadero arreglo pasa por localizar el punto de fuga y reparar el componente afectado antes de que el circuito siga debilitándose o el agua termine dañando otros elementos cercanos.
El papel del vaso de expansión en las bajadas de presión
El vaso de expansión es uno de los grandes olvidados de la calefacción doméstica, pero su función es decisiva. Absorbe la dilatación del agua cuando la caldera se calienta y evita que la presión suba de forma brusca. Si pierde carga de aire o su membrana se deteriora, el circuito empieza a comportarse de forma errática: sube demasiado en caliente y cae demasiado en frío.
Ese comportamiento irregular puede acabar provocando el mismo aviso 108, aunque la causa no sea una simple falta de llenado. El equipo necesita que la presión tenga una base estable; si el vaso no acompaña, la instalación parece respirar con dificultad, como si inhalara y exhalara de manera desigual. En esos casos, la corrección no pasa por añadir más agua, sino por revisar el estado del propio vaso.
Un vaso de expansión descargado o dañado suele manifestarse junto con otros indicios: variaciones de presión demasiado marcadas, descargas por la válvula de seguridad o necesidad frecuente de relleno. Cuando aparece ese patrón, el problema ya no es un detalle menor, sino un elemento estructural del circuito que merece diagnóstico técnico.
Por qué purgar radiadores puede desencadenar el aviso
Tras purgar radiadores, es normal que la presión de la caldera descienda. Cada vez que se libera aire del sistema, el circuito pierde un poco de agua junto con él. Esa bajada puede ser suficiente para dejar la instalación por debajo del nivel mínimo y hacer que aparezca el código 108 justo después de una tarea de mantenimiento aparentemente rutinaria.
Por eso, después de purgar, hay que volver a comprobar la presión. No basta con cerrar el purgador y dar por terminado el trabajo. Si la aguja cae por debajo del rango recomendado, la caldera pedirá reposición de agua antes de funcionar con normalidad. Ese detalle explica por qué un sistema que estaba correcto por la mañana puede bloquearse por la tarde tras una purga doméstica bien intencionada.
La relación entre aire y presión es más estrecha de lo que parece. El aire acumulado reduce la eficiencia térmica, hace que algunos radiadores calienten peor y altera el equilibrio del circuito. Quitar ese aire mejora el rendimiento, sí, pero también exige recuperar la presión que se ha perdido en el camino. Son dos movimientos que van unidos.
Cuándo conviene parar y llamar a un técnico
Hay señales que distinguen una incidencia doméstica sencilla de un problema que ya requiere manos expertas. Si el equipo vuelve a marcar 108 poco después de rellenarlo, si la presión sube y baja con brusquedad o si hay goteos visibles, la caldera necesita una revisión completa. No conviene insistir con recargas repetidas, porque eso solo tapa el síntoma.
También conviene intervención profesional cuando el usuario no localiza con claridad la llave de llenado, cuando la válvula no responde o cuando el circuito pierde agua sin una causa evidente. En esos casos, un técnico puede comprobar estanquidad, vaso de expansión, válvula de seguridad, bomba y estado general del intercambiador. El valor del diagnóstico no está solo en reparar, sino en evitar que el fallo se repita.
La seguridad importa más que la rapidez. Una caldera trabaja con agua caliente, presión y componentes eléctricos en un espacio compacto. Meter mano sin saber qué pieza se toca puede crear una avería mayor que la original. Por eso, cuando el aviso deja de ser puntual y se convierte en costumbre, lo sensato es pasar del remedio inmediato a la inspección seria.
Qué señales anuncian que el problema va más allá del código
El 108 no siempre aparece solo. A veces llega acompañado de radiadores fríos, ruidos de aire en las tuberías, caídas de presión tras encender la calefacción o pequeños goteos bajo la máquina. Cada uno de esos síntomas añade contexto. No son adornos del fallo; son su huella física en la instalación.
Si la casa tarda más en calentarse o una parte del circuito se comporta peor que otra, el problema puede llevar tiempo gestándose. La presión no se pierde de golpe en todos los casos. A menudo se va filtrando poco a poco, hasta que el sistema ya no puede sostener el equilibrio y la caldera lo detecta de manera automática. El aviso aparece tarde, no pronto, y por eso conviene leerlo como una alarma de fondo, no como el inicio del problema.
En instalaciones antiguas, la suma de pequeñas fatigas pesa más que una sola pieza rota. Juntas envejecidas, radiadores con aire, una llave fatigada y un vaso de expansión justo pueden formar una cadena de síntomas que termina en el mismo mensaje. La buena lectura del fallo no se queda en el código: mira el conjunto.
La importancia del mantenimiento para evitar recurrencias
Una caldera Ariston bien ajustada no debería pedir relleno con frecuencia. Si lo hace, algo está variando en el circuito y el mantenimiento deja de ser una opción decorativa para convertirse en una herramienta de prevención. Revisar presión, purgar con criterio, inspeccionar juntas y vigilar el comportamiento de la válvula de llenado reduce bastante la probabilidad de ver de nuevo el aviso.
La prevención tiene una ventaja simple: evita que el problema llegue en el peor momento. Las bajadas de presión suelen notarse más cuando llega el frío y la calefacción trabaja a pleno rendimiento. En esas semanas, una avería leve se convierte en una incomodidad doméstica de primer orden. El circuito funciona mejor cuando se vigila en calma, no cuando ya está bloqueado.
Además, el mantenimiento ayuda a distinguir entre un episodio aislado y una avería estructural. Una recarga ocasional puede ser normal; una caída periódica no lo es. Ese matiz, aparentemente pequeño, marca la diferencia entre una tarea sencilla y una reparación que afecta al corazón hidráulico de la caldera.
Qué hacer después de recuperar la presión
Una vez restablecido el nivel correcto, conviene comprobar que la calefacción arranca sin oscilaciones y que el manómetro se mantiene estable. Lo ideal es observar el equipo durante un tiempo razonable, porque algunos fallos tardan en manifestarse. Si la caldera se mantiene entre 1 y 1,5 bar en frío y no reaparece el mensaje, la respuesta ha sido la adecuada.
Después de ese primer alivio, es útil prestar atención a ruidos anómalos, caídas de rendimiento o nuevas bajadas de presión en los días siguientes. Un sistema de calefacción habla con señales pequeñas. Un silbido, una goteo tenue o una lectura que se desplaza poco a poco pueden anunciar una avería mayor antes de que vuelva el bloqueo.
La lectura práctica del error 108 es sencilla y a la vez muy concreta: la caldera pide agua, equilibrio y estabilidad. Cuando uno de esos tres elementos falla, el equipo se protege. Resolverlo implica devolverle su rango correcto, y si el problema insiste, descubrir qué está vaciando el circuito. En esa diferencia se juega la continuidad del confort térmico del hogar.
Lo que revela este aviso sobre el estado real de la instalación
El error 108 funciona como un termómetro del conjunto, no solo de la caldera. Dice si el circuito está sellado, si el vaso de expansión cumple, si las llaves cierran bien y si el usuario ha purgado o rellenado con la debida atención. Por eso su lectura va más allá de un simple número en pantalla: es una pista del estado de salud de toda la instalación.
Cuando el aviso se resuelve con un pequeño relleno, la avería era leve. Cuando vuelve una y otra vez, el problema suele haber estado creciendo de forma silenciosa. La diferencia entre una incidencia y una avería está en la repetición. Un sistema sano puede exigir una corrección puntual; uno fatigado empieza a reclamarla con insistencia.
Tomado así, el 108 no es un enemigo, sino un aviso útil. Señala el borde antes del vacío. Y aunque la solución inmediata sea tan prosaica como abrir una llave de llenado, la lectura correcta del síntoma permite entender si detrás hay una simple falta de agua o una historia más larga de presión perdida, pequeñas fugas y desgaste acumulado.
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