Caldera
Error F37 en caldera Ferroli: causas y solución real
La caída de presión activa el bloqueo de seguridad. Así se rellena el circuito y se descartan fugas o averías internas.

El código F37 en una caldera Ferroli aparece cuando la presión del circuito cae por debajo del mínimo necesario para trabajar con normalidad. En la práctica, la caldera se protege sola, corta la demanda de calefacción o de agua caliente y deja en pantalla una alerta que apunta casi siempre al mismo origen: falta de agua en el circuito o una lectura incorrecta de la presión.
La reacción correcta suele empezar por una comprobación sencilla del manómetro y, si hace falta, por rellenar la instalación hasta situarla en el rango habitual de trabajo, que en muchos modelos se mueve entre 1 y 2 bares. Cuando el problema no desaparece después de esa operación, ya no hablamos de un simple ajuste doméstico, sino de una fuga, una llave de llenado defectuosa, un sensor de presión averiado o una avería hidráulica que exige revisión técnica.
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Qué indica realmente el bloqueo F37
El aviso no es decorativo ni arbitrario. F37 señala una presión de agua insuficiente para que la caldera Ferroli complete el encendido con seguridad. Cuando el circuito pierde carga, la bomba, el intercambiador y los elementos de control trabajan fuera de su margen ideal, y el equipo se detiene antes de forzar piezas sensibles. Es una parada preventiva, no un simple capricho electrónico.
En el uso cotidiano, este comportamiento se nota de forma muy clara: el agua caliente puede tardar en llegar, la calefacción se corta o el panel muestra el bloqueo incluso aunque la vivienda no haya cambiado de forma visible. A veces el manómetro ya venía descendiendo desde días atrás; otras, la bajada se produce de golpe después de purgar radiadores, de una intervención en la instalación o de una pérdida pequeña pero continua que pasa desapercibida.
No conviene interpretar este código como una avería grave por sí sola, aunque sí como una señal de que algo en el circuito está trabajando por debajo de lo normal. En muchas viviendas, el incidente se resuelve sin desmontajes y sin piezas nuevas; en otras, el mismo aviso sirve como primer síntoma de una fuga lenta o de una válvula de llenado que ya no sella como debería.
La presión correcta y por qué importa tanto
La mayoría de calderas domésticas Ferroli funcionan con un margen de presión que suele situarse entre 1 y 2 bares, con una referencia frecuente alrededor de 1,2 bares en frío. Ese dato no es un capricho del fabricante. Es la franja que permite circular el agua con estabilidad, evitar disparos innecesarios y mantener el intercambio térmico sin castigar la instalación.
Si la presión cae por debajo del umbral mínimo, el sistema de seguridad entiende que no hay suficiente columna de agua para operar con normalidad. Si se sobrepasa demasiado el rango, también aparecen problemas: la válvula de seguridad puede descargar, las uniones trabajan más tensionadas y el circuito pierde equilibrio. Por eso el punto no está en llenar sin medida, sino en dejar la instalación en su rango útil.
En invierno, cuando la calefacción trabaja durante más horas, los cambios de temperatura y las pequeñas dilataciones del circuito hacen que la presión fluctúe. Ese movimiento es normal hasta cierto punto. Lo que no entra dentro de la normalidad es una caída frecuente o una lectura que se desploma con rapidez después de haber corregido el nivel. Ahí suele esconderse el verdadero origen del F37.
Cómo recuperar el funcionamiento sin forzar el sistema
La primera comprobación debe hacerse con la caldera en condiciones estables, preferiblemente en frío. El objetivo es mirar el manómetro o la lectura digital y confirmar si el valor está por debajo del mínimo esperado. Si la aguja o el display marcan una presión demasiado baja, el siguiente paso es localizar la llave de llenado o el sistema equivalente de carga de agua que incorpora el modelo.
En muchas Ferroli, esa llave está situada en la parte inferior de la carcasa. Su apertura suele ser suave y progresiva. Conviene abrir despacio, observar la subida de presión y cerrar en cuanto el circuito alcanza una zona segura, normalmente alrededor de 1,2 a 1,5 bares. No interesa dejarlo mucho más alto por pura precaución. El circuito no mejora por ir sobrado; al contrario, puede generar descargas o sobrepresión innecesaria.
Algunos modelos incorporan un sistema de llenado más cómodo, con pulsador o llave integrada, y eso simplifica la operación. Aun así, la lógica es la misma: introducir agua hasta recuperar el rango correcto, cerrar bien el paso y comprobar que no hay goteos. Después, un reinicio básico suele bastar para borrar el aviso si el problema era únicamente hidráulico.
Cuando la caldera sigue marcando F37
Si el equipo vuelve a bloquearse poco después de rellenar el circuito, la avería ya no está en el gesto de carga, sino en lo que está provocando la pérdida de presión o en lo que está leyendo mal el sistema. Esa diferencia es importante porque evita repetir una y otra vez la misma operación sin resolver la causa real. La repetición cansa el equipo y no corrige el fondo del asunto.
Una de las posibilidades más frecuentes es la llave de llenado dañada o atascada. En ese caso, la caldera puede parecer cargada, pero el mecanismo no abre o no cierra con precisión. El resultado es un llenado incompleto o una pérdida posterior que devuelve el fallo en poco tiempo. También puede ocurrir lo contrario: que el grifo no selle y deje escapar agua de forma discreta.
Otra causa muy habitual es la fuga lenta en el circuito. No siempre se ve un charco evidente. A veces el problema está en un radiador, en una unión roscada, en la válvula de seguridad o en una pieza que gotea tan poco que solo deja una mancha seca o humedad intermitente. Cuando la presión baja una y otra vez sin motivo aparente, revisar cada punto de la instalación resulta más útil que insistir en rellenar.
| Código | Descripción | Causa | Comprobación | Solución orientativa |
|---|---|---|---|---|
| F37 | Presión de agua insuficiente en la instalación | Baja carga hidráulica o falta de agua en el circuito | Manómetro por debajo del rango normal | Rellenar el circuito hasta unos 1,2-1,5 bares y reiniciar |
| F37 | Lectura de presión incorrecta | Sensor de presión defectuoso o con señal errática | Presión real correcta, pero el aviso persiste | Revisar sensor y cableado; sustituir si procede |
| F37 | Pérdida reiterada de presión | Fuga en radiadores, uniones o válvula de seguridad | La presión vuelve a caer tras el llenado | Localizar la fuga y reparar la pieza dañada |
| F37 | Problema en la llave de llenado | Válvula atascada, desgastada o con cal | No entra agua o no cierra bien tras la carga | Sustituir la llave o reparar el mecanismo |
El sensor de presión y el punto ciego del diagnóstico
Cuando la caldera muestra F37 pero el circuito parece tener agua suficiente, el foco se desplaza al sensor de presión. Ese componente traduce el estado hidráulico del sistema a una señal que la electrónica pueda entender. Si falla, la caldera puede comportarse como si le faltara agua aunque el circuito esté dentro de parámetros razonables.
Ese tipo de fallo complica un poco el diagnóstico porque el usuario ve una alarma coherente con una falta de presión, pero la causa real es una lectura equivocada. El manómetro puede ayudar a distinguir un caso del otro. Si la presión física está bien, no hay señales de fuga y el error no se borra, el sensor o su conexión pasan a primer plano. En ese escenario, la reparación suele requerir manos expertas, ya que intervenir sin criterio puede empeorar el fallo o dejar una fuga en una pieza sensible.
También conviene considerar el cableado. Un conector flojo, un terminal sulfatado o una conexión mal asentada pueden hacer que la tarjeta reciba una lectura falsa. Es una avería menos vistosa que una fuga, pero igual de capaz de detener el aparato. La electrónica, al final, solo actúa sobre lo que interpreta; si interpreta mal, bloquea por protección.
Señales que apuntan a una fuga escondida
Las fugas pequeñas tienen algo de saboteador doméstico. No hacen ruido, no inundan el suelo, no llaman la atención y, sin embargo, vacían poco a poco la presión de la instalación. El síntoma más repetido es que la caldera funciona bien después de rellenar, pero días después vuelve a mostrar el mismo bloqueo. Esa cadencia, casi metronómica, suele delatar una pérdida continua.
En ese punto, la inspección debe abarcar radiadores, llaves, uniones, purgadores y la válvula de seguridad. Una válvula que descarga de forma intermitente puede dejar rastros de humedad o depósitos minerales alrededor de la salida. Un radiador con microfuga, en cambio, puede mostrar manchas tenues, corrosión o un leve olor a humedad cerca de la conexión. Nada de eso aparece siempre a simple vista; por eso el seguimiento de la presión durante horas o días aporta pistas valiosas.
Un recurso útil consiste en comprobar si el descenso ocurre con la calefacción encendida, en reposo o incluso en plena noche. Ese patrón ayuda a separar un problema térmico de una pérdida hidráulica pura. Si la presión cae incluso sin uso, la instalación pierde agua por alguna parte. Si baja más con la calefacción funcionando, puede existir una válvula con comportamiento irregular o un punto que se abre al dilatarse el circuito.
Cuándo el problema deja de ser doméstico
Hay situaciones en las que el F37 se corrige una vez y no vuelve. En otras, se repite con una obstinación que ya anuncia una avería de fondo. Cuando la caída de presión es continua, la llave de llenado no responde o el sensor sigue fallando tras la comprobación básica, lo prudente es frenar. Seguir llenando el circuito sin resolver la causa solo aplaza el problema y puede ocultar daños mayores.
También merece atención especial cualquier signo de goteo visible, corrosión, ruido anormal o descarga por la válvula de seguridad. Esos detalles indican que el sistema ya no está trabajando en condiciones estables. Un técnico puede medir la presión real, comprobar el vaso de expansión, revisar la estanqueidad del circuito y verificar si el error proviene de una pieza mecánica o de una interpretación electrónica equivocada.
En una caldera, la frontera entre una avería leve y otra más seria no siempre es evidente. A veces un simple grifo mal cerrado produce el aviso; otras, una pequeña pérdida interna se traduce en cortes repetidos y en una factura de reparación más alta si se deja avanzar. Por eso el criterio no debería ser aguantar hasta que se pare del todo, sino actuar cuando la presión empieza a comportarse de forma irregular.
Lo que ayuda a evitar que vuelva a aparecer
La prevención en este caso no tiene misterio, pero sí disciplina. Mirar la presión de forma periódica, especialmente en los meses fríos, permite detectar una bajada antes de que la caldera se bloquee. No hace falta obsesionarse; basta con una comprobación razonable y con atención a cualquier descenso repetido, por pequeño que parezca.
También conviene revisar que la llave de llenado quede perfectamente cerrada después de usarla. Un cierre incompleto puede generar microfugas o una pérdida lenta que solo se detecta cuando el sistema vuelve a caer. Del mismo modo, el mantenimiento anual ayuda a que piezas como la válvula de seguridad, el sensor de presión o el vaso de expansión no se degraden sin aviso. Son componentes discretos, pero decisivos.
En instalaciones con agua dura, la cal puede castigar más rápido las partes móviles. Ese desgaste no siempre provoca un fallo inmediato, pero sí acorta la vida útil de las llaves y deja residuos en zonas donde el agua debe circular con libertad. Un circuito limpio, bien equilibrado y revisado a tiempo evita que el F37 se convierta en una visita periódica y molesta.
Una alerta pequeña que suele contar una historia más larga
F37 casi nunca aparece por azar. Detrás suele haber una presión que cae por desgaste, una válvula que no sella, un sensor que miente o una instalación que pierde agua por una junta fatigada. El aviso solo pone nombre a un desequilibrio que ya venía gestándose en silencio, como una gota que tarda en oírse pero termina vaciando un vaso.
La mejor lectura del problema combina calma y método. Primero, comprobar la presión. Después, rellenar con criterio. Más tarde, observar si el sistema se mantiene estable o si vuelve a descender. Y, si la pauta se repite, pasar del gesto doméstico a la revisión técnica. En una caldera, como en casi toda la calefacción de casa, el tiempo perdido persiguiendo el síntoma acaba costando más que atender la causa.
Por eso el valor de este código no está solo en saber qué significa, sino en entender qué está contando sobre el circuito. El F37 avisa de una debilidad hidráulica, y ese aviso merece ser leído con precisión: a veces basta con agua; otras, hace falta detectar la fuga, cambiar una válvula o corregir una medición engañosa antes de que el sistema vuelva a bloquearse.
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