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El hiperdeportivo eléctrico de Rimac que cambió las reglas

Cuatro motores, 1.914 CV y una tecnología excepcional en uno de los eléctricos más rápidos jamás fabricados.

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Hiperdeportivo eléctrico de Rimac con las puertas abiertas en una carretera costera

El hiperdeportivo eléctrico de Rimac lleva la aceleración a un territorio reservado hasta hace poco a los prototipos de competición. Con 1.914 CV, cuatro motores independientes y una velocidad máxima de 412 km/h, el Nevera no es solo una demostración de fuerza: es una plataforma tecnológica desarrollada y ensamblada en Croacia, con una producción limitada a 150 unidades.

Su cifra más contundente llega al arrancar: alcanza los 100 km/h en aproximadamente 1,81 segundos y cubre el cuarto de milla en 8,25 segundos. Al mismo tiempo, ofrece una autonomía homologada de hasta 489 km en ciclo WLTP y un habitáculo biplaza capaz de utilizarse fuera de un circuito, aunque su precio y exclusividad lo sitúan en una esfera inaccesible para la mayoría de conductores.

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Una tormenta mediterránea convertida en automóvil

El nombre Nevera procede de una tormenta rápida y violenta del Mediterráneo que se forma frente a la costa croata. La elección resume la personalidad del vehículo: una carrocería baja, puertas de apertura vertical y una respuesta instantánea que no necesita cambios de marcha convencionales para catapultar sus más de dos toneladas.

La estructura combina un monocasco de fibra de carbono con batería integrada, techo de carbono y subchasis trasero fabricado con el mismo material. El conjunto mide 4,75 metros de largo, 2,05 metros de ancho y 1,24 metros de alto, mientras que la batalla alcanza 2,745 metros. Su peso ronda los 2.300 kilogramos, una masa elevada, pero comprensible en un vehículo con una batería de 120 kWh y cuatro sistemas de propulsión.

La aerodinámica activa permite elegir entre una configuración de baja resistencia y otra orientada a generar más apoyo. En el modo low-drag, el coeficiente aerodinámico puede situarse en 0,30. Los difusores, los elementos móviles y la refrigeración de frenos, motores e inversores trabajan como un conjunto; aquí no hay adornos aislados, sino piezas diseñadas para atravesar el aire con la precisión de una flecha.

Cuatro motores y una batería preparada para el esfuerzo

Cada rueda recibe la fuerza de un motor eléctrico de imanes permanentes. Los dos propulsores delanteros entregan hasta 226 kW cada uno, mientras que los traseros alcanzan 450 kW por unidad. La potencia combinada se limita a 1.408 kW y 2.340 Nm de par motor, cifras que explican tanto la aceleración como la necesidad de una gestión electrónica extremadamente sofisticada.

El sistema R-AWTV calcula y modifica el par enviado a cada rueda más de 100 veces por segundo. Esa vectorización sustituye buena parte del trabajo que en un automóvil tradicional realizan el diferencial, la caja de cambios y la experiencia del piloto. El resultado puede ser una entrega brutal en línea recta, pero también un control más fino en curvas, con modos de conducción que incluyen Sport, Drift, Comfort, Range y Track.

La batería utiliza celdas cilíndricas de formato 21700 y química de níquel, manganeso y cobalto. Su arquitectura funciona a 730 voltios, admite carga en corriente alterna de hasta 22 kW y puede recuperar del 0 al 80% en unos 19 minutos con un cargador de 500 kW. En condiciones reales, esa velocidad depende de la infraestructura, la temperatura y el nivel inicial de carga.

Prestaciones que redefinen el límite de los eléctricos

El Nevera alcanza 200 km/h en cerca de 4,42 segundos y llega a 300 km/h en 9,22 segundos. La velocidad punta está limitada electrónicamente a 412 km/h para proteger la mecánica y la batería. No se trata de una cifra útil en carretera abierta, sino de una declaración de ingeniería que coloca al modelo entre los vehículos de producción más rápidos del mundo.

La experiencia no depende únicamente de la potencia. Cuenta con suspensión de doble horquilla, amortiguadores regulables electrónicamente, elevación hidráulica y frenos cerámicos CCMR de 390 milímetros con pinzas de seis pistones. Los neumáticos Michelin Pilot Sport 4S, de 275 milímetros delante y 315 detrás, deben soportar aceleraciones que convierten el cuerpo en parte del experimento.

La evolución más radical es el Nevera R, limitado a 40 unidades y anunciado con 2.107 CV, 430 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en alrededor de 1,7 segundos. Su aerodinámica, neumáticos y puesta a punto buscan más rendimiento en circuito. Aun así, el modelo original conserva una importancia especial: demostró que un eléctrico de producción podía ser silencioso, utilizable y, al mismo tiempo, más rápido que muchos superdeportivos de combustión.

La pequeña fábrica detrás de una revolución

Rimac desarrolla internamente buena parte de los componentes decisivos: motores, baterías, inversores, cajas reductoras, elementos de carbono y sistemas de control. Cada unidad se ensambla a mano en las instalaciones de Sveta Nedelja, cerca de Zagreb, en un proceso más próximo a la fabricación artesanal de un reloj de alta precisión que a una cadena de gran volumen.

Con un precio situado alrededor de los 2 millones de euros, el modelo no pretende democratizar el coche eléctrico. Su verdadera influencia está en otro lugar: mostrar hasta dónde pueden llegar el software, la gestión térmica y la tracción eléctrica cuando se diseñan desde cero y sin las limitaciones de una arquitectura convencional. El rugido desaparece, pero la tormenta permanece en cada cifra.

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